domingo, 15 de octubre de 2017

Mi Perro Locuta


Resulta evidente que con nuestros compañeros animales hay un intercambio permanente. Una interacción que a veces hasta lleva a una mímesis. Mi compañero es Perrito. Una bestia de 60 kilos, socialmente incorrecto, que ama a los que ama y rechaza a los rechazables para él. Que disfruta la caricia, la comida, el silencio, la libertad, y que de noche, se desparrama y ronca. Hace todo a fondo. Corre a fondo, come como un dinosaurio, le encanta la cerveza,- en eso nos diferenciamos y por suerte no me pide vino-, que duerme como un rollizo de raulí, que necesita poco o nada. Que se arregla con lo que hay. Y que es feliz.
Mis cinco ex mujeres,- y algunas confusiones que he tenido que no las puedo categorizar como mis mujeres-, han dado testimonio de que cuando duermo, hablo. Mis hijos han dado cuenta que dormido he hecho programas enteros de radio, o recitado cosas que no me explico cómo guardo en el disco rígido. Como poemas en galaico portugués de Gonzalo de Berceo, o en ese dialecto negro- español llamado replana de Nicomedes Santa Cruz, o en perfecto castellano de Lorca, Machado, Guillén. Quién fuera una de mis mujeres se bancó una hora “Las Coplas del Payador Perseguido” de Yupanqui, recitadas mientras dormía. Menos mal que le encantaba….
Pero como hace algo más de cinco años duermo solo, con Perrito a los pies, no tengo testimonios de que hable dormido.
Pero hace unos días, un aspecto inusitado de las noches me alteró la situación.
En medio del sueño, me despierta una radio encendida. A bajo volumen si fuera de un vecino. Pero mi vecino más cercano está a cincuenta metros. Y cuando empiezo a escuchar eso es de noche. Es un locutor, que por la modulación es un adulto joven, que habla, hace pausas, usa muy bien los resonadores pero que no le puedo entender lo que dice. Como si estuviera mal sintonizado. Y me dí cuenta que empiezo a mezclar lo que soñaba, con lo que me parece entender que dice. De hecho, como estoy sumergido en un tema de una conferencia sobre protocartografía, antes de anoche me pareció que aludía a los viajes presuntos de los Templarios que partieron del Puerto de La Royelle en 1307- No lo puedo asegurar.
Pero anoche, mi descubrimiento fue mayúsculo. El que habla es mi perro. Locuta. No emite palabras, sino sonidos muy parecidos a las palabras y con una evidente modulación humana.
Y me pregunto….¿ Seguiré hablando dormido, haciendo programas de radio mientras duermo, y Perrito se mimetiza?
Anoche me acerqué hasta su hocico. Dormía como un poste. Y de él salía la emisión de la radio mal sintonizada.
Mi perro habla. Y locuta.
Tal vez deba volver a hacer radio.
Mi perro no, sino yo.

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