miércoles, 8 de noviembre de 2017

Noche


Amo escuchar como ronca el fuego.
Afuera, un vendaval de lluvia, nieve y viento.
Terminé de cenar y me niego a servirme otra copa de vino, pero ya va a venir.
Me junto con mi cuerpo.
Silencio en este barrio de pueblo. Calle de tierra. Provincia lejana.
Patagonia.
El cielo gira brutal. 
Imagino a los pájaros apretados en sus nidos.
A las lagartijas confundidas escarbando debajo de las piedras.
A los zorros en sus raíces del ñire.
La nieve, arriba, se junta y tapa.
Las flores del notro están confundidas.
Y yo también.
Si hasta pienso qué hermoso sería tener mujer.
Tal vez sea la biología de la primavera.
La que no llega.
Ni la mujer, ni la primavera.
Tal vez.
Pero el silencio es tan hermoso que hace juntar los labios. 
Los perros están echados y debo dormir.
Salgo temprano a guiar la Ruta de los Siete Lagos.
Voy a poner algún palito más en la cocina económica.
Ya llegó la copa de vino, cómplice extra de la cena.

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