miércoles, 20 de diciembre de 2017

Algo Se Empieza a Acabar

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Siempre que algo está por terminar, otra cosa se prepara para comenzar. Ya entramos en los días de “si no te veo, que pases felices fiestas”. Nos saludamos entre vecinos de pueblo con mayor efusividad. Tenemos una sensación de bisagra en las proximidades. Y esto se da en un contexto realmente oscuro de país. Sí, de mi país. De nuestro país. Donde cada vez más prima el sálvese quien pueda, el premio a lo individual y el castigo al intento de lograr sueños colectivos. La luz al final del túnel termina siendo un tren expreso que intenta llevarnos puestos a los que estamos en la vía. Hay que detener el tren. Y marcha atrás, salir del túnel. Ya hay síntomas crecientes de que algo se termina. Se detiene. Justamente hoy se acaba la primavera, que como su nombre lo indica, prima o anticipa al vera, o sea al verano. Mañana empieza el solsticio, que significa “sol quieto”. Y en verdad, es el día en que el sol llega al extremo lateral del horizonte, y se mantiene en ese mismo punto por tres días, hasta que empieza a retroceder. Por eso es el solsticio de verano. Empieza mañana y termina el 24. Claro que en el hemisferio norte empieza el solsticio de invierno. Pero en esta mitad austral del planeta lo que comienza es el verano. El tiempo en el que las noches se alargan y los días se acortan. A ver, léanlo de nuevo. El verano es el tiempo en el que las noches se alargan y los días se acortan. Sí. Es así. Aunque les suene a un error. Si desde mañana, que empieza el solsticio de verano, se registran los días más largos y las noches más cortas, a partir de ese momento, las noches se empiezan a alargar y las jornadas de luz a ser más breves. Clarito. Pasa que en algunas cosas referidas a los acontecimientos de la naturaleza, tenemos el chip cambiado. Y no sólo a algunas cosas de la naturaleza. Como en el hemisferio norte, a partir del 24 de diciembre, lo que empieza es el invierno, ahí sí que las jornadas de luz se empiezan a extender y el tiempo de oscuridad diario se va achicando. Por eso, entendiendo que el regreso de la luz es el regreso de la vida, ahí se depositó la fecha del nacimiento de Cristo. Celebrar el solsticio de invierno ya era una arraigada fiesta pagana del norte de Europa. Era la resurrección de la vida a través de la certeza de los ciclos recurrentes de la luz. Y claro, una semana justo después de esa fecha, sentimos que estamos en el nuevo año. 24 + 7= 31. Y brindamos como poseídos el 31 de diciembre ante la certeza que se inicia un nuevo ciclo, cuando ya es inequívoco que amanece más temprano y que oscurece más tarde. Claro, eso en el hemisferio norte. Por estos barrios periféricos del hemisferio sur, al tomar desde el 24 de diciembre al 31 lo que llamamos “las fiestas de fin de año”, lo que celebramos es que avanza la oscuridad, no la luz. Los pueblos originarios andinos del ecuador hacia el sur, celebran el año nuevo el 24 de junio. O sea en el solsticio de invierno austral. Y esa fecha es tomada como la bisagra del ciclo anual terrestre. En el altiplano y las montañas de Perú, Bolivia, y el norte de Chile y Argentina, los pueblos originarios festejan el Inti Raymi, la Fiesta del Sol. Y aquí, en la Patagonia, el pueblo Mapuche celebra el Wiñoy Xripantu, la vida que regresa y que con el avance de la luz asegura la recurrencia del crecimiento de las pasturas, de las hojas, la parición de los animales…. O sea, que la cultura llamada occidental del hemisferio sur celebra el año nuevo al revés. Festeja el avance de la oscuridad. Es hora de detener también ese tren de la colonización del pensamiento y poner la reversa. Bueno, ya hice suficiente daño. Esta es mi tarjeta por las Fiestas. Difícil hacerlo en estas circunstancias. Le deseo a todos, salud, amor, valor, conocimiento, y que todas las necesidades elementales estén satisfechas, pese al avance de la noche.

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