sábado, 11 de noviembre de 2017

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Leo en La Mañana del Neuquén que el gremio docente de la provincia ha decidido en el marco de un plenario, nuevas medidas de fuerza.
Es un hecho democrático que a algunos le puede molestar y que otros aplauden.
Y sigo leyendo para terminar de comprender a fondo la problemática.
Existe una demanda de aumentos salariales.
En este punto, la administración neuquina sostiene que no hay dinero para nuevos incrementos en los haberes. Y la Asociación de Trabajadores de la Educación del Neuquén afirma que sí hay fondos.
Sigo leyendo y creo que encuentro la razón profunda y oculta del llamado a la acción directa.
El gremio ha decidido movilizarse “en defensa de la escuela púbica”.
Y esto resulta todo una novedad.
Debemos ser el único lugar de nuestro planeta en el que las fuerzas sindicales se movilizan y planean medidas de acción directa en favor de que la educación en nuestras escuelas aborde la problemática del pubis.
Esto sí es revolucionario además de asombroso.
Y como tal, supongo que requerirá todo el esfuerzo del gremio.
O los muchachos de ATEN son unos genios de avanzada o están confundidos.
Claro, son otros tiempos.
Antes a nadie se le hubiera ocurrido defender la escuela púbica.
De donde saldrán, seguramente, las nuevas generaciones de correctores de los diarios.
27 de octubre de 2012

Seguimos siendo pocos....


En Patagonia seguimos siendo pocos. Afortunadamente. En esta inmensa región que va desde Neuquén a Tierra del, Fuego, somos poco más de un millón de habitantes. Casi la mitad de la población del partido de La Matanza. Y eso que Patagonia tiene más de un millón de kilómetros cuadrados.
Claro que es un territorio único. Bellísimo. Extremo. Y en donde suceden circunstancias mágicas. Acá tenemos nombre y apellido. Y no solamente dentro de los pueblos en los que vivimos. Lo comprobé recién que salí a hacer compras en el barrio.
Como cada mañana, fuí a la panadería de Pedro,- conocido como Peter Pan-, pero estaba extrañamente cerrada. Tomé unos mates en el kiosco de Juanjo esperando que abriera, pero logré fracasar con todo éxito. De modo que me encaminé hacia la otra cuadra a comprar pan en La Piamontesa. Me recibió un aroma a manjares horneándose y la panadera contándome que hace unos días pasó un hombre alto y robusto y preguntó por mí. "Dejó un mensaje escrito para vos", me dijo, "que lo guardé, pero ahora no sé dónde está." Compré mi pan y antes de atender al siguiente vecino, se metió en la cocina y salió blandiendo un papelito gris, completamente mojado. "Aquí está". Y mientras intentaba secarlo, tratando de no disolver la tinta del mensaje, me contó que ese hombre había preguntado por mí, si seguía haciendo radio...y que ella le había dicho dónde vivía, pero que estaba de paso y tenía que seguir camino.
En el papelito leí que se trataba de un viejo compañero del Canal 11 de Televisión de Ushuaia. Muy buen tipo, con el que trabajamos juntos en la Tierra del Fuego hasta 1977, y que sólo nos cruzamos muchos años después en Brasil, en una presentación del producto nieve de Argentina en Sao Roque. Carlitos Henninger. Me alegró saber que me recordaba y además compartió que el canal donde laburábamos cumplió 50 años. Atesoré el papelito y salí de la panadería. Prendí un Parisienne sentado al sol antes de volver a casa, tratando de detectar las sensaciones.
Y me pareció fascinante que un viajero que pasa por mi pueblo del Neuquén rumbo a Ushuaia, a unos 2.500 kilómetros de distancia, pregunte por alguien, la panadera sepa quién es y dónde vive, que el viajero deje su mensaje, y yo lo reciba.
Lo acabo de encontrar en facebook y le respondí.
Es mágico que en Patagonia sigamos teniendo vínculos de esta naturaleza. Inimaginable en otro punto del planeta. Entre San Martín de los Andes y Ushuaia la distancia es la misma que entre Madrid y Moscú.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cada Noche....


Qué placer cada noche.
Leña ardiendo.
Paladar tibio.
Vino lento.
La ingravidez del silencio.
La caricia compartida de mis perros.
Y los sueños se hacer fértiles.
La palabra sobra.
Y la nieve toca y toca las tejuelas de alerce de mi techo..
Lejos,- yo lo sé-, suena la cascada en fa.
La oigo.
El bajo continuo de esta fuga hacia el misterio.
Como cada noche, vaya a saber dónde, amarrará mi sueño.

Mis Días


Mis días tienen contenidos mágicos. A veces apenas destellos, pero aprendo a detectarlos y tratar de ordeñarles algo de luz.
Hoy a la tarde, hice un alto de picar leña, encendí un Parisienne, y me senté en un sillón del jardín de invierno. Y pensé….¿Dónde estará el libro “Las leyes del bosque”, de un biólogo amigo? Y empecé a buscar en la biblioteca. A ver….creo que algo confesé…estoy intentando comprender lo que definí como “agujeridad”. Tiene definitivamente que ver con la física y su comprensión desde la exclusiva faceta de la materia. Y me puse a buscar Las Leyes de Bosque. Y se me cae en la cabeza otro libro, que mágicamente se deslizó de la biblioteca y con una aceleración de 9,8 metros sobre segundo al cuadrado, dio contra mi cráneo. Lo levanté del piso puteando…y sorpresa!!!!! “El Túnel” de Sábato.
Que un túnel me golpée la cabeza es tan improbable como trasladar un pozo. Es un ejemplo de la agujeridad misma. Y justo de Sábato. ¿Quién no aprendió física con el manual de Maestegui y Sábato? Bueno ese Sábato fue Ernesto.
Y la obsesión de Sábato por la oscuridad, la ceguera y las oquedades…
Recordé, mientras me volvía a sentar en el sillón del jardín de invierno, que Don Ernesto Sábato nació un 24 de junio. Justo el día final de la máxima oscuridad. El tercer día del solsticio de invierno. El día en que finalmente empieza a extenderse la luz en el hemisferio sur. ¿Habrá estado signado por eso? 
De modo que empecé a releer El Túnel.
A lo mejor, resulta que encuentro alguna clave para seguir avanzando en mi hipótesis de la agujeridad,- que ahora empecé también a denominarla “gruyerismo”-.
¿Qué querés que le haga? Me encontré un rectángulo que me preguntaba en qué estaba pensando y le dí pa delante.

Mi Cena



Del rincón en el ángulo obscuro,
de la heladera sin duda olvidada,
frígida y cubierta de olvido,
una suprema se hallaba.
La tomé entre mis manos piadosas.
No acertó a decir ni una palabra.
Menos mal, pensé hacia mis adentros, 
si no me infartaba en la mesada.
Y así, superando el espíritu becqueriano, me le animé, puse aceite en la sartén y al freírse fueron desapareciendo lentamente ciertos luminosos fulgores verdosos que cubrían, sólo en partes, su superficie.
Ma sí.! Me la serví, no sin antes cortar algún bordecito quemado y ofrecérselo en trocitos a mis perros.
Ellos se negaron rotundamente.
Con mi espíritu siempre optimista pensé: “deben estar satisfechos”.
Y me senté y con un Hereford tinto de 16 con 60 la fui saboreando lentamente.
De vez en cuando me levanté para agregar algún palito al fuego.
La verdad es que estaba buena.
De modo que si mañana no aparezco en el facebook, ya saben de qué se trata.
Les pido que no inicien en ese caso, demanda legal alguna.
Todos los juicios son pasibles de llegar a la Suprema.
Que suele estar tan podrida como la que acabo de comer.

Ofertas


Yo entiendo cada día menos a los mensajes de ofertas.
Acabo de ir a La Anónima. Había un afiche muy clarito que sentenciaba "Oferta Día del Niño: descuento del 20% en pelotas". 
De modo que llené el carrito, llegué a la caja y me empecé a desvestir.

Noche en mi barrio


Algo más de las once de la noche.
Paz.
La cascada del barrio suena en fa.
La leña ronca con su fuego.
El viento gira y canta.
Explotaron las inflorescencias de los ciruelos y el pueblo se volvió rosado.
Nevisca en lo alto de las montañas.
Mis perros ya se pusieron el piyama.
Me voy pa la cama.
Ultimo trago de vino.
Y me parece que mis sueños me van a llevar a extrañas playas de relax y placer.
Mañana no guío. No perjudico gente.
Me predispongo para acompañar a mi hija Julieta en su fiesta para celebrar que se recibió de guía.
Dos Caletti guiando pueden ser un problema de impacto ambiental para el Parque Lanín.

Las flores de mi manzano tenían razón



Las flores de mi manzano tenían razón de ser cautelosas y esperar. Ayer, en el Volcán Lanín intuí lo que podía ocurrir hoy,- contra todo pronóstico-, cuando las cachañas pasaban volando de manera rasante en bandadas infrecuentemente enormes. Se viene una bruta nevada, me dije.
Y hoy a la tarde, hace unas cuatro horas, empezó a desplomarse en cielo de a poquito. Primero fueron copos húmedos, y lentamente se fueron convirtiendo en esponjosos, secos, ingrávidos. Y se fueron acumulando sigilosamente sobre todas las cosas.
El silencio parece rebotar cuando nieva así. Se hace más silencio todavía. Como de corcho. Seco. Es una sensación única.
Y al nevar sin viento y con copos secos que se van depositando suaves y sin tiempo, no se sabe si nos ellos los que caen o si es uno que empezó a ascender.
Sensación de antigua caja de música de aquellas que se daban vuelta.
Ahora, a las diez y media de la noche, no se escucha nada. Nadie pasa ni siquiera a lo lejos. 
Salí al jardín y la nieve hace cric cric cuando uno pisa, lo que indica que además está escarchando. Supongo que habrá unos cuatro o cinco grados bajo cero.
Las ramas de mi maitén están dobladas hacia abajo por el peso de la nieve.
Y los jardines de mi barrio están todos blancos.
Y resultan idénticos los jardines prolijitos de pasto cortado de los ricos que los jardines de los pobres donde se suelen acumular las más diversas cosas por las dudas se necesiten. Todo está cubierto de la misma capa blanca.
Esta nieve igualitaria y silenciadora encierra una fresca belleza nupcial.
Se respira pureza.
Y vivo el inmenso placer de mi copa de vino con la leña crujiendo en la cocina económica.
Escucho la música y la voz de mi amigo-hermano-padre Juan Sardi.
“El viento del este empieza a soplar….Y aún no sabemos volar”….
Voy a poner algún palito más al fuego.

Somos


Somos aire.
Aire sin aire.
Partículas invisibles
jugando en el espacio.
Miro mi mano
y es todo agujero.
Como el cielo
y el átomo.
Miro mi mano
y es hermana
de lo infinitamente pequeño
y lo más vasto.
No sé por qué
No somos invisibles.
O por lo menos tenues.
Tal vez nos opaca
lo que vamos cargando.

Noche


Amo escuchar como ronca el fuego.
Afuera, un vendaval de lluvia, nieve y viento.
Terminé de cenar y me niego a servirme otra copa de vino, pero ya va a venir.
Me junto con mi cuerpo.
Silencio en este barrio de pueblo. Calle de tierra. Provincia lejana.
Patagonia.
El cielo gira brutal. 
Imagino a los pájaros apretados en sus nidos.
A las lagartijas confundidas escarbando debajo de las piedras.
A los zorros en sus raíces del ñire.
La nieve, arriba, se junta y tapa.
Las flores del notro están confundidas.
Y yo también.
Si hasta pienso qué hermoso sería tener mujer.
Tal vez sea la biología de la primavera.
La que no llega.
Ni la mujer, ni la primavera.
Tal vez.
Pero el silencio es tan hermoso que hace juntar los labios. 
Los perros están echados y debo dormir.
Salgo temprano a guiar la Ruta de los Siete Lagos.
Voy a poner algún palito más en la cocina económica.
Ya llegó la copa de vino, cómplice extra de la cena.

¿De Dónde Viene El Odio Actual a Los Pueblos Originarios?


Tras la desaparición de Santiago Maldonado el pasado 1 de agosto, luego de la represión ejercida por la Gendarmería dependiente del ministerio de Seguridad de la Nación, varios funcionarios y también medios de comunicación afines al gobierno calificaron de terrorista al grupo de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) que es el que reclama en el sur por la propiedad de la tierra ocupada hoy por el grupo italiano Benetton, respaldado por documentación legal pero no legítima. Desde entonces, floreció el odio a los pueblos originarios que también son reprimidos en Jujuy, Formosa y Mendoza.
Para entender de dónde viene ese odio, seguiremos a Domingo F. Sarmiento en una serie de artículos que publicó en 1879, cuando el ministro de Guerra Julio A. Roca encabezaba la llamada Campaña del Desierto, oxímoron si lo hay porque si entonces había un desierto no era necesaria ninguna campaña.
El 2 de noviembre de 1879, Sarmiento escribió en el diario El Nacional: “Hace un año, a que los salvajes sienten pesar sobre ellos las armas de nuestros valientes soldados; y el desierto no es ya un refugio adonde puedan en adelante sustraerse a su alcanza. Nuestros soldados se baten en una extensión de trescientas leguas, y a una victoria sobre Pincen, Catriel o Namuncurá, responde otra sobre Baigorria o los Ranqueles. No son ya nuestras fronteras las que se defienden, sino los toldos los que son desbaratados en los puntos lejanos del desierto, y traídas las chusmas a incorporarse en las poblaciones cristianas”.
Después agregó: “Los salvajes aterrorizados por esta serie de golpes que han recibido, forzados a abandonar por inseguros sus antiguos toldos, tienen que agregar a las pérdidas reales experimentadas, las que produce la desmoralización y el cambio de morada. En medio del desierto, alrededor de lagunas en campos dotados de pastos o de cacería, el salvaje se constituye una patria que ama, como el groenlandés ama sus hielos y sus focas. Abandonarla por insegura, es para ellos, como no lo es para nosotros por la comunidad de los pueblos civilizados, la mayor de las desgracias; y el quebranto de la destrucción de sus toldos, el alejamiento de sus antiguas guaridas no lo reponen en las nuevas, en largos años”.
Dos semanas después, el 18 de noviembre, bajo el título “Los Ranqueles y los Rumies”, Sarmiento sostuvo este argumento que justificaba cualquier salvajada en contra de los pobladores originarios: “Los salvajes no están bajo el palio del derecho de la guerra, precisamente porque ellos no lo reconocen ni respetan. Se les trata de ordinario, con la indulgencia que merece el hombre en estado de naturaleza. Puede tratárseles con el último rigor, cuando sea necesario infundirles terror, para contenerlos en sus propósitos salvajes. De los ranqueles, diremos a los filántropos, que habiendo el Gobierno mandado un sacerdote a vivir con ellos y estudiar el medio posible de traerlos a mejores costumbres, el sacerdote de regreso, informó de palabra, no creyendo compatible con su ministerio hacerlo de otro modo, que se había convencido, al ver el estado de depravación moral a que habían llegado, que lo único posible era quitarles los niños!…”.
Una semana más tarde, el 25 de noviembre, Sarmiento profundizó esta idea que un siglo después tomó la dictadura cívico-militar de 1976 que, con el mismo criterio, justificó el robo de bebés a las detenidas desaparecidas: “No más raciones a los indios, y disolución de las diezmadas tribus, como se está haciendo, internándolos y distribuyendo a las mujeres y niños en las familias. Este sistema ha sido desde tiempo inmemorial seguido por los colonizadores; y sus efectos son la población de nuestras ciudades y campos, y cuyos habitantes conservan aún el color trigueño de la raza de su origen”.
“Por pequeña que sea una tribu —continuó— desde que está reunida, conserva y guarda sus tradiciones y su lengua. La escuela, los oficios, son imposibles, en esa aglomeración de salvajes hostiles a la sociedad basada en el trabajo. La ración ha de continuar, como carga sobre el Gobierno; ración improductiva de todo resultado. Los indios son unos pensionistas holgazanes.
Al justificar la separación de los niños de sus madres, sostuvo: “Mucho puede sugerir el sentimiento de humanidad en favor de los indios. Pocas han de ser las madres que traigan consigo pequeñuelos, que deben acompañarlas siempre; pero dejarles los niños de diez años para arriba, por temor de que sufran con la separación, es perpetuar la barbarie, ignorancia e ineptitud del niño, condenándolo a recibir las lecciones morales y religiosas de la mujer salvaje. Hay caridad en alejarlos cuanto antes de esa infección”.
Finalmente, aseguró que “los niños distribuidos en las familias viven felices, porque el tratamiento que reciben, la educación en las prácticas civilizadas que les dan las cosas y las personas, los hacen confundirse bien pronto con los demás niños. Las madres salvajes no tienen alguna autoridad alguna sobre sus hijos, que desde ocho años pertenecen más bien a la tribu que a la madre, ni al padre, que poco caso hace de ellos. De ahí viene la lentitud en aumentarse las poblaciones salvajes. Mueren muchos niños, por insuficiente alimentación, por exceso de fatigas en las marchas, por vivir librados a sí mismos en los alrededores de las tolderías. Cualquier situación que se les haga en el campo o en el servicio doméstico entre cristianos, es preferible a la vida que llevan al lado de sus padres”.
“Que no hayan raciones, ni aduares de indios. Que cada uno dependa de sí mismo trabajando”, concluye Sarmiento como un adelantado de la teoría del “choriplanerismo” en el siglo XIX.