Qué placer cada noche.
Leña ardiendo.
Paladar tibio.
Vino lento.
La ingravidez del silencio.
La caricia compartida de mis perros.
Y los sueños se hacer fértiles.
La palabra sobra.
Y la nieve toca y toca las tejuelas de alerce de mi techo..
Lejos,- yo lo sé-, suena la cascada en fa.
La oigo.
El bajo continuo de esta fuga hacia el misterio.
Como cada noche, vaya a saber dónde, amarrará mi sueño.

Bellísimo. Una de las cosas más hermosas que leí en mi vida.
ResponderEliminarGracias por tu comentario Cecilia. Me alegra que haya sido de tu agrado. Saludos!
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