
Decidido a hacer ejercicio y tonificar los músculos, ansioso de poder volver a laburar guiando en el Parque Nacional y dejar de escribir estupideces, salí a caminar por el barrio.
Tardecita tibia. Primavera desatada en la que pululan crías de todo lo que vive.
Los notros explotan de rojo en las laderas. Algo de brisa.
Arriba, en el cordón Chapelco se mantiene la nieve.
Y me fui despacito hacia el Callejón de Bello, desde donde se tiene una visión muy hermosa del valle glaciario donde vivo: la Vega.
Esta es zona de pastoreo, y entre las vacas y los caballos hay colonias de cauquenes y algunas garcitas increíblemente blancas.
En las montañas el bosque reluce de verdes.
Llegué hasta el arroyo Maipú y en el puentecito angosto me quedé mirando pasar el agua. El aire es perfumado en esta época.
Fue ahí que acertó a pasar un paisano a caballo, con su posdata de perros. Saludó,- como corresponde a un jinete-, levantando su mano izquierda. Claro, en la derecha se tienen las riendas.
Yo saludé con mi derecha.
Lo vi irse al paso.
Y fue entonces que me iluminó la duda.
¿ Por qué cuando se es jinete se va a caballo y no en caballo?
A nadie se le ocurre ir a auto en vez de en auto.
Se me cruzó la idea de que se va en auto porque uno va adentro de una cosa.
Pero justo pasó una piba en bicicleta.
Y no a bicicleta.
En la bici no se va adentro de nada, sino afuera, igual que en moto.
Y descarté el adentro y el afuera en cuanto a ir a caballo.
Elucubrando esta incógnita empecé a volver, decidido a pasar por la carnicería del Chileno Gómez a comprar unos bifecitos y mi Clasic Old Bull de esta noche, porque ahí hay.
El Chileno Cómez tiene excelente carne, cortes de toda índole, y unas notables milanesas de pollo. Claro, cuando se acaban las instancias de cortes, uno apela a la suprema. Eso es ley.
Iba tratando de esquivar las piedras más grandes de las calles interiores del barrio, porque con las alpargatas, algunas duelen.
Y entonces se me ocurrió que uno va a caballo y no en caballo porque es trasladado por un animal.
Tampoco.
Porque cuando uno monta en burro, monta en burro. No a burro. Aunque sería más lógico que así fuera, ya que como es mucho más lento el andar uno tendería a aburrirse. Se convertiría en un aburrido y no en un enburrido.
Entré a lo del Chileno Gómez y salí con mi Classic Old Bull.
Había buenas milanesas de carne. Pero por ahora no puedo comer nada frito.
Y cerré mi caminata de la tarde volviendo para casa.
¿Será que los Granaderos a Caballo se llaman así porque vienen con dos huevos fritos encima, igual que las milanesas?
Y llegué a casa tarareando una canción de Los Chalcha.
Rumbeando para Jáchal, montado en burro, talón y talón…yo me encontré a una dama, solita su alma por el cañadón.
Es un misterio que se ande a caballo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario