
Nieva sobre mi jardín.
Es una nevada densa, lenta, ingrávida, sostenida, con algo de eternidad, como la música barroca.
Los casi inexistentes sonidos del barrio son absorbidos por la nieve.
Apenas una suave caricia persistente sobre mi techo.
Por supuesto, la leña arde y me espera una copa de vino.
Por ahora es de Clasic Old Bull hasta que empiece el laburo.
Los techos blancos. La calle blanca. Los árboles blancos.
La nevada se enfatiza debajo de los faroles. El cono de luz permite ver las tropas de copos que vienen inclinados por el viento de la cordillera-
Caen contradiciendo los ocho metros sobre segundo al cuadrado de la aceleración de la gravedad.
Son antinewtonianos los cosos éstos.
Qué placer, carajo.
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