miércoles, 20 de diciembre de 2017

Algo Se Empieza a Acabar

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Siempre que algo está por terminar, otra cosa se prepara para comenzar. Ya entramos en los días de “si no te veo, que pases felices fiestas”. Nos saludamos entre vecinos de pueblo con mayor efusividad. Tenemos una sensación de bisagra en las proximidades. Y esto se da en un contexto realmente oscuro de país. Sí, de mi país. De nuestro país. Donde cada vez más prima el sálvese quien pueda, el premio a lo individual y el castigo al intento de lograr sueños colectivos. La luz al final del túnel termina siendo un tren expreso que intenta llevarnos puestos a los que estamos en la vía. Hay que detener el tren. Y marcha atrás, salir del túnel. Ya hay síntomas crecientes de que algo se termina. Se detiene. Justamente hoy se acaba la primavera, que como su nombre lo indica, prima o anticipa al vera, o sea al verano. Mañana empieza el solsticio, que significa “sol quieto”. Y en verdad, es el día en que el sol llega al extremo lateral del horizonte, y se mantiene en ese mismo punto por tres días, hasta que empieza a retroceder. Por eso es el solsticio de verano. Empieza mañana y termina el 24. Claro que en el hemisferio norte empieza el solsticio de invierno. Pero en esta mitad austral del planeta lo que comienza es el verano. El tiempo en el que las noches se alargan y los días se acortan. A ver, léanlo de nuevo. El verano es el tiempo en el que las noches se alargan y los días se acortan. Sí. Es así. Aunque les suene a un error. Si desde mañana, que empieza el solsticio de verano, se registran los días más largos y las noches más cortas, a partir de ese momento, las noches se empiezan a alargar y las jornadas de luz a ser más breves. Clarito. Pasa que en algunas cosas referidas a los acontecimientos de la naturaleza, tenemos el chip cambiado. Y no sólo a algunas cosas de la naturaleza. Como en el hemisferio norte, a partir del 24 de diciembre, lo que empieza es el invierno, ahí sí que las jornadas de luz se empiezan a extender y el tiempo de oscuridad diario se va achicando. Por eso, entendiendo que el regreso de la luz es el regreso de la vida, ahí se depositó la fecha del nacimiento de Cristo. Celebrar el solsticio de invierno ya era una arraigada fiesta pagana del norte de Europa. Era la resurrección de la vida a través de la certeza de los ciclos recurrentes de la luz. Y claro, una semana justo después de esa fecha, sentimos que estamos en el nuevo año. 24 + 7= 31. Y brindamos como poseídos el 31 de diciembre ante la certeza que se inicia un nuevo ciclo, cuando ya es inequívoco que amanece más temprano y que oscurece más tarde. Claro, eso en el hemisferio norte. Por estos barrios periféricos del hemisferio sur, al tomar desde el 24 de diciembre al 31 lo que llamamos “las fiestas de fin de año”, lo que celebramos es que avanza la oscuridad, no la luz. Los pueblos originarios andinos del ecuador hacia el sur, celebran el año nuevo el 24 de junio. O sea en el solsticio de invierno austral. Y esa fecha es tomada como la bisagra del ciclo anual terrestre. En el altiplano y las montañas de Perú, Bolivia, y el norte de Chile y Argentina, los pueblos originarios festejan el Inti Raymi, la Fiesta del Sol. Y aquí, en la Patagonia, el pueblo Mapuche celebra el Wiñoy Xripantu, la vida que regresa y que con el avance de la luz asegura la recurrencia del crecimiento de las pasturas, de las hojas, la parición de los animales…. O sea, que la cultura llamada occidental del hemisferio sur celebra el año nuevo al revés. Festeja el avance de la oscuridad. Es hora de detener también ese tren de la colonización del pensamiento y poner la reversa. Bueno, ya hice suficiente daño. Esta es mi tarjeta por las Fiestas. Difícil hacerlo en estas circunstancias. Le deseo a todos, salud, amor, valor, conocimiento, y que todas las necesidades elementales estén satisfechas, pese al avance de la noche.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Exposición del Presidente Evo Morales


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Exposición del Presidente Evo Morales ante la reunión de Jefes de Estado de los países productores de petróleo. Con lenguaje simple, trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de los países productores de petróleo, logró inquietar a su audiencia cuando dijo:

" Aquí pues yo, Evo Morales, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.

Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.

Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.

Yo, venido de la noble tierra americana declaro que el hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.

Yo, venido de la noble tierra americana declaro que el hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.

Yo, venido de la noble tierra americana declaro que el hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea, vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.

¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!

¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!

¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

Yo, Evo Morales, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.

Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan 'MARSHALLTESUMA", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la medicina, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.

En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.

En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.

Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.

Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.

Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.

Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.

Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica...

Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar.

Ruta de Los 7 Lagos, El Momento de Cambiarle El Nombre

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Junio 2015
Algunos se manejan mirando por el espejo retrovisor y privilegian la queja por el tiempo que demandó la obra de pavimentación de la Ruta de los Siete Lagos, en vez de celebrar que finalmente se hizo. Y que, es dado reconocer, el impulso definitivo se produjo hace poco.
Mientras algunos suman y suman años, yo cuento lagos.
Y propongo cambiarle el nombre a la ruta, justo ahora que se inaugura el pavimento.
La vieja Ruta de los Siete Lagos era la Nacional 234, que partiendo de Rinconada, pasaba por San Martín de los Andes, y concluía en el desvío al Paso Cardenal Samoré,- viejo Paso Puyehue-, a unos 15 kilómetros de Villa La Angostura.
Hasta ahí, desde San Martín de los Andes, efectivamente hay siete lagos: Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo.
Pero he aquí que la 234 ya no es la 234, sino la Nacional 40, que a partir del desvío a Chile sigue con la misma denominación hacia Villa La Angostura, Bariloche y discurre hacia el sur hasta el extremo este del Estrecho de Magallanes.
De modo que entre San Martín de los Andes y Villa La Angostura, por casi la misma traza de la Nacional 234 y parte de la Nacional 231, hay un lago más. Ni más ni menos que el Nahuel Huapi.
Es muy simple: por la ruta 40, entre San Martín de los Andes y Villa La Angostura hay ocho lagos.
Llamémosle así. Ruta de los Ocho Lagos.
Si no terminamos como los Tres Mosqueteros que eran cuatro.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Fuí a ANSES

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5-12-2014
Me resultó muy poco estimulante ir a la ANSES para empezar los trámites para jubilarme.
Si bien me faltan diez meses, me propuse adelantar la cosa, y una inescrutable computadora que hay en la sala de espera me escupió un papelito que me dio turno en el día y a la hora que se le ocurrió. Sin atenuantes hubo que ir.
Antes de entrar al local, me di cuenta que la cuadra no era de lo más atractiva. Frente a la oficina de la ANSES, está la funeraria del pueblo. Casi como que si vas a jubilarte, sólo te queda cruzar un poco más tarde. 
Mi ánimo no era espléndido. Conciencia del tiempo vivido, estimación de lo que queda.
Tomé coraje y entré.
Lo primero que percibí fue a una señora entrada en años que, con el pepelito escupido por la computadora, le hablaba a la máquina. “Pero yo ese día tengo hora con el osteópata”.
Y la compu no le respondió.
Me senté entre gente mayor. Mis pares.
Y a esperar que me llamen.
Ese universo oficinesco empezó a dejar de tener colores y se volvió blanco y negro.
Noté que sobre una mesa ratona surgió como de la nada una revista “Vea y lea” encima de un ejemplar de “Rico Tipo”.
Y me empecé a intranquilizar.
Se me fue secando la garganta, y me acordé de las viejas pastillas Sucrets. 
Coraje. Me faltaba coraje para encarar esa circunstancia.
Y entonces me dieron ganas de tomar una copita de Ferro Quina Bisleri,- el aperitivo del león y el león de los aperitivos-.
El pasado me estaba tragando como un remolino.
Pero me sacudió de repente la voz de una mujer que dijo mi nombre y con una sonrisa me acompañó a una salita. Sensación de que era una sirena que pretendía llevarme hacia el fondo de los mares de la clase pasiva. Pero yo había elegido eso. Y le respondí a todo lo que me preguntó, y anoté las decenas de trámites que debo empezar a hacer para reconstruir mi vida laboral.
Salí con dolor de cabeza.
Y fue entonces cuando recordé:
“Venga del aire o del sol, del vino o de la cerveza, cualquier dolor de cabeza, se quita con un Geniol”.
Empezar los trámites de mi jubilación, no fue para nada estimulante.

Otra Vez....

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09-12-2017

Anoche ocurrió de nuevo.
Estaba disfrutando en lo más profundo de mis sueños cuando llegó el temblor.
Vino despacio, sin apuro ni sacudones.
Debajo de mi espalda se fue deslizando un reptil sigiloso, un oleaje tibio y subterráneo.
Perrito se incorporó de los pies de mi cama. Bostezó, elongó, y empezó a girar para echarse de nuevo,- como corresponde, en el sentido opuesto a las agujas del reloj de acuerdo con el efecto Coriolis-, hasta que volvió a sus ronquidos pre sísmicos.
A media agua entre el sueño y la vigilia, tuve la hermosa sensación de recibir el mensaje de que la tierra está viva, y en particular en el valle glaciario donde vivo.
Y hoy, con el primer café reviví el episodio de la madrugada,
Y se me vino de repente y vaya a saber por qué, un fragmento de un poema del chileno Vicente Huidobro.
“Te vas y queda una estrella en tu sitio.
Vas dejando caer tus luces como un barco que pasa.
Y mi canto te sigue como una serpiente fiel y melancólica.”
Así empezó mi mañana.

sábado, 11 de noviembre de 2017

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Leo en La Mañana del Neuquén que el gremio docente de la provincia ha decidido en el marco de un plenario, nuevas medidas de fuerza.
Es un hecho democrático que a algunos le puede molestar y que otros aplauden.
Y sigo leyendo para terminar de comprender a fondo la problemática.
Existe una demanda de aumentos salariales.
En este punto, la administración neuquina sostiene que no hay dinero para nuevos incrementos en los haberes. Y la Asociación de Trabajadores de la Educación del Neuquén afirma que sí hay fondos.
Sigo leyendo y creo que encuentro la razón profunda y oculta del llamado a la acción directa.
El gremio ha decidido movilizarse “en defensa de la escuela púbica”.
Y esto resulta todo una novedad.
Debemos ser el único lugar de nuestro planeta en el que las fuerzas sindicales se movilizan y planean medidas de acción directa en favor de que la educación en nuestras escuelas aborde la problemática del pubis.
Esto sí es revolucionario además de asombroso.
Y como tal, supongo que requerirá todo el esfuerzo del gremio.
O los muchachos de ATEN son unos genios de avanzada o están confundidos.
Claro, son otros tiempos.
Antes a nadie se le hubiera ocurrido defender la escuela púbica.
De donde saldrán, seguramente, las nuevas generaciones de correctores de los diarios.
27 de octubre de 2012

Seguimos siendo pocos....


En Patagonia seguimos siendo pocos. Afortunadamente. En esta inmensa región que va desde Neuquén a Tierra del, Fuego, somos poco más de un millón de habitantes. Casi la mitad de la población del partido de La Matanza. Y eso que Patagonia tiene más de un millón de kilómetros cuadrados.
Claro que es un territorio único. Bellísimo. Extremo. Y en donde suceden circunstancias mágicas. Acá tenemos nombre y apellido. Y no solamente dentro de los pueblos en los que vivimos. Lo comprobé recién que salí a hacer compras en el barrio.
Como cada mañana, fuí a la panadería de Pedro,- conocido como Peter Pan-, pero estaba extrañamente cerrada. Tomé unos mates en el kiosco de Juanjo esperando que abriera, pero logré fracasar con todo éxito. De modo que me encaminé hacia la otra cuadra a comprar pan en La Piamontesa. Me recibió un aroma a manjares horneándose y la panadera contándome que hace unos días pasó un hombre alto y robusto y preguntó por mí. "Dejó un mensaje escrito para vos", me dijo, "que lo guardé, pero ahora no sé dónde está." Compré mi pan y antes de atender al siguiente vecino, se metió en la cocina y salió blandiendo un papelito gris, completamente mojado. "Aquí está". Y mientras intentaba secarlo, tratando de no disolver la tinta del mensaje, me contó que ese hombre había preguntado por mí, si seguía haciendo radio...y que ella le había dicho dónde vivía, pero que estaba de paso y tenía que seguir camino.
En el papelito leí que se trataba de un viejo compañero del Canal 11 de Televisión de Ushuaia. Muy buen tipo, con el que trabajamos juntos en la Tierra del Fuego hasta 1977, y que sólo nos cruzamos muchos años después en Brasil, en una presentación del producto nieve de Argentina en Sao Roque. Carlitos Henninger. Me alegró saber que me recordaba y además compartió que el canal donde laburábamos cumplió 50 años. Atesoré el papelito y salí de la panadería. Prendí un Parisienne sentado al sol antes de volver a casa, tratando de detectar las sensaciones.
Y me pareció fascinante que un viajero que pasa por mi pueblo del Neuquén rumbo a Ushuaia, a unos 2.500 kilómetros de distancia, pregunte por alguien, la panadera sepa quién es y dónde vive, que el viajero deje su mensaje, y yo lo reciba.
Lo acabo de encontrar en facebook y le respondí.
Es mágico que en Patagonia sigamos teniendo vínculos de esta naturaleza. Inimaginable en otro punto del planeta. Entre San Martín de los Andes y Ushuaia la distancia es la misma que entre Madrid y Moscú.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cada Noche....


Qué placer cada noche.
Leña ardiendo.
Paladar tibio.
Vino lento.
La ingravidez del silencio.
La caricia compartida de mis perros.
Y los sueños se hacer fértiles.
La palabra sobra.
Y la nieve toca y toca las tejuelas de alerce de mi techo..
Lejos,- yo lo sé-, suena la cascada en fa.
La oigo.
El bajo continuo de esta fuga hacia el misterio.
Como cada noche, vaya a saber dónde, amarrará mi sueño.

Mis Días


Mis días tienen contenidos mágicos. A veces apenas destellos, pero aprendo a detectarlos y tratar de ordeñarles algo de luz.
Hoy a la tarde, hice un alto de picar leña, encendí un Parisienne, y me senté en un sillón del jardín de invierno. Y pensé….¿Dónde estará el libro “Las leyes del bosque”, de un biólogo amigo? Y empecé a buscar en la biblioteca. A ver….creo que algo confesé…estoy intentando comprender lo que definí como “agujeridad”. Tiene definitivamente que ver con la física y su comprensión desde la exclusiva faceta de la materia. Y me puse a buscar Las Leyes de Bosque. Y se me cae en la cabeza otro libro, que mágicamente se deslizó de la biblioteca y con una aceleración de 9,8 metros sobre segundo al cuadrado, dio contra mi cráneo. Lo levanté del piso puteando…y sorpresa!!!!! “El Túnel” de Sábato.
Que un túnel me golpée la cabeza es tan improbable como trasladar un pozo. Es un ejemplo de la agujeridad misma. Y justo de Sábato. ¿Quién no aprendió física con el manual de Maestegui y Sábato? Bueno ese Sábato fue Ernesto.
Y la obsesión de Sábato por la oscuridad, la ceguera y las oquedades…
Recordé, mientras me volvía a sentar en el sillón del jardín de invierno, que Don Ernesto Sábato nació un 24 de junio. Justo el día final de la máxima oscuridad. El tercer día del solsticio de invierno. El día en que finalmente empieza a extenderse la luz en el hemisferio sur. ¿Habrá estado signado por eso? 
De modo que empecé a releer El Túnel.
A lo mejor, resulta que encuentro alguna clave para seguir avanzando en mi hipótesis de la agujeridad,- que ahora empecé también a denominarla “gruyerismo”-.
¿Qué querés que le haga? Me encontré un rectángulo que me preguntaba en qué estaba pensando y le dí pa delante.

Mi Cena



Del rincón en el ángulo obscuro,
de la heladera sin duda olvidada,
frígida y cubierta de olvido,
una suprema se hallaba.
La tomé entre mis manos piadosas.
No acertó a decir ni una palabra.
Menos mal, pensé hacia mis adentros, 
si no me infartaba en la mesada.
Y así, superando el espíritu becqueriano, me le animé, puse aceite en la sartén y al freírse fueron desapareciendo lentamente ciertos luminosos fulgores verdosos que cubrían, sólo en partes, su superficie.
Ma sí.! Me la serví, no sin antes cortar algún bordecito quemado y ofrecérselo en trocitos a mis perros.
Ellos se negaron rotundamente.
Con mi espíritu siempre optimista pensé: “deben estar satisfechos”.
Y me senté y con un Hereford tinto de 16 con 60 la fui saboreando lentamente.
De vez en cuando me levanté para agregar algún palito al fuego.
La verdad es que estaba buena.
De modo que si mañana no aparezco en el facebook, ya saben de qué se trata.
Les pido que no inicien en ese caso, demanda legal alguna.
Todos los juicios son pasibles de llegar a la Suprema.
Que suele estar tan podrida como la que acabo de comer.

Ofertas


Yo entiendo cada día menos a los mensajes de ofertas.
Acabo de ir a La Anónima. Había un afiche muy clarito que sentenciaba "Oferta Día del Niño: descuento del 20% en pelotas". 
De modo que llené el carrito, llegué a la caja y me empecé a desvestir.

Noche en mi barrio


Algo más de las once de la noche.
Paz.
La cascada del barrio suena en fa.
La leña ronca con su fuego.
El viento gira y canta.
Explotaron las inflorescencias de los ciruelos y el pueblo se volvió rosado.
Nevisca en lo alto de las montañas.
Mis perros ya se pusieron el piyama.
Me voy pa la cama.
Ultimo trago de vino.
Y me parece que mis sueños me van a llevar a extrañas playas de relax y placer.
Mañana no guío. No perjudico gente.
Me predispongo para acompañar a mi hija Julieta en su fiesta para celebrar que se recibió de guía.
Dos Caletti guiando pueden ser un problema de impacto ambiental para el Parque Lanín.

Las flores de mi manzano tenían razón



Las flores de mi manzano tenían razón de ser cautelosas y esperar. Ayer, en el Volcán Lanín intuí lo que podía ocurrir hoy,- contra todo pronóstico-, cuando las cachañas pasaban volando de manera rasante en bandadas infrecuentemente enormes. Se viene una bruta nevada, me dije.
Y hoy a la tarde, hace unas cuatro horas, empezó a desplomarse en cielo de a poquito. Primero fueron copos húmedos, y lentamente se fueron convirtiendo en esponjosos, secos, ingrávidos. Y se fueron acumulando sigilosamente sobre todas las cosas.
El silencio parece rebotar cuando nieva así. Se hace más silencio todavía. Como de corcho. Seco. Es una sensación única.
Y al nevar sin viento y con copos secos que se van depositando suaves y sin tiempo, no se sabe si nos ellos los que caen o si es uno que empezó a ascender.
Sensación de antigua caja de música de aquellas que se daban vuelta.
Ahora, a las diez y media de la noche, no se escucha nada. Nadie pasa ni siquiera a lo lejos. 
Salí al jardín y la nieve hace cric cric cuando uno pisa, lo que indica que además está escarchando. Supongo que habrá unos cuatro o cinco grados bajo cero.
Las ramas de mi maitén están dobladas hacia abajo por el peso de la nieve.
Y los jardines de mi barrio están todos blancos.
Y resultan idénticos los jardines prolijitos de pasto cortado de los ricos que los jardines de los pobres donde se suelen acumular las más diversas cosas por las dudas se necesiten. Todo está cubierto de la misma capa blanca.
Esta nieve igualitaria y silenciadora encierra una fresca belleza nupcial.
Se respira pureza.
Y vivo el inmenso placer de mi copa de vino con la leña crujiendo en la cocina económica.
Escucho la música y la voz de mi amigo-hermano-padre Juan Sardi.
“El viento del este empieza a soplar….Y aún no sabemos volar”….
Voy a poner algún palito más al fuego.

Somos


Somos aire.
Aire sin aire.
Partículas invisibles
jugando en el espacio.
Miro mi mano
y es todo agujero.
Como el cielo
y el átomo.
Miro mi mano
y es hermana
de lo infinitamente pequeño
y lo más vasto.
No sé por qué
No somos invisibles.
O por lo menos tenues.
Tal vez nos opaca
lo que vamos cargando.

Noche


Amo escuchar como ronca el fuego.
Afuera, un vendaval de lluvia, nieve y viento.
Terminé de cenar y me niego a servirme otra copa de vino, pero ya va a venir.
Me junto con mi cuerpo.
Silencio en este barrio de pueblo. Calle de tierra. Provincia lejana.
Patagonia.
El cielo gira brutal. 
Imagino a los pájaros apretados en sus nidos.
A las lagartijas confundidas escarbando debajo de las piedras.
A los zorros en sus raíces del ñire.
La nieve, arriba, se junta y tapa.
Las flores del notro están confundidas.
Y yo también.
Si hasta pienso qué hermoso sería tener mujer.
Tal vez sea la biología de la primavera.
La que no llega.
Ni la mujer, ni la primavera.
Tal vez.
Pero el silencio es tan hermoso que hace juntar los labios. 
Los perros están echados y debo dormir.
Salgo temprano a guiar la Ruta de los Siete Lagos.
Voy a poner algún palito más en la cocina económica.
Ya llegó la copa de vino, cómplice extra de la cena.

¿De Dónde Viene El Odio Actual a Los Pueblos Originarios?


Tras la desaparición de Santiago Maldonado el pasado 1 de agosto, luego de la represión ejercida por la Gendarmería dependiente del ministerio de Seguridad de la Nación, varios funcionarios y también medios de comunicación afines al gobierno calificaron de terrorista al grupo de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) que es el que reclama en el sur por la propiedad de la tierra ocupada hoy por el grupo italiano Benetton, respaldado por documentación legal pero no legítima. Desde entonces, floreció el odio a los pueblos originarios que también son reprimidos en Jujuy, Formosa y Mendoza.
Para entender de dónde viene ese odio, seguiremos a Domingo F. Sarmiento en una serie de artículos que publicó en 1879, cuando el ministro de Guerra Julio A. Roca encabezaba la llamada Campaña del Desierto, oxímoron si lo hay porque si entonces había un desierto no era necesaria ninguna campaña.
El 2 de noviembre de 1879, Sarmiento escribió en el diario El Nacional: “Hace un año, a que los salvajes sienten pesar sobre ellos las armas de nuestros valientes soldados; y el desierto no es ya un refugio adonde puedan en adelante sustraerse a su alcanza. Nuestros soldados se baten en una extensión de trescientas leguas, y a una victoria sobre Pincen, Catriel o Namuncurá, responde otra sobre Baigorria o los Ranqueles. No son ya nuestras fronteras las que se defienden, sino los toldos los que son desbaratados en los puntos lejanos del desierto, y traídas las chusmas a incorporarse en las poblaciones cristianas”.
Después agregó: “Los salvajes aterrorizados por esta serie de golpes que han recibido, forzados a abandonar por inseguros sus antiguos toldos, tienen que agregar a las pérdidas reales experimentadas, las que produce la desmoralización y el cambio de morada. En medio del desierto, alrededor de lagunas en campos dotados de pastos o de cacería, el salvaje se constituye una patria que ama, como el groenlandés ama sus hielos y sus focas. Abandonarla por insegura, es para ellos, como no lo es para nosotros por la comunidad de los pueblos civilizados, la mayor de las desgracias; y el quebranto de la destrucción de sus toldos, el alejamiento de sus antiguas guaridas no lo reponen en las nuevas, en largos años”.
Dos semanas después, el 18 de noviembre, bajo el título “Los Ranqueles y los Rumies”, Sarmiento sostuvo este argumento que justificaba cualquier salvajada en contra de los pobladores originarios: “Los salvajes no están bajo el palio del derecho de la guerra, precisamente porque ellos no lo reconocen ni respetan. Se les trata de ordinario, con la indulgencia que merece el hombre en estado de naturaleza. Puede tratárseles con el último rigor, cuando sea necesario infundirles terror, para contenerlos en sus propósitos salvajes. De los ranqueles, diremos a los filántropos, que habiendo el Gobierno mandado un sacerdote a vivir con ellos y estudiar el medio posible de traerlos a mejores costumbres, el sacerdote de regreso, informó de palabra, no creyendo compatible con su ministerio hacerlo de otro modo, que se había convencido, al ver el estado de depravación moral a que habían llegado, que lo único posible era quitarles los niños!…”.
Una semana más tarde, el 25 de noviembre, Sarmiento profundizó esta idea que un siglo después tomó la dictadura cívico-militar de 1976 que, con el mismo criterio, justificó el robo de bebés a las detenidas desaparecidas: “No más raciones a los indios, y disolución de las diezmadas tribus, como se está haciendo, internándolos y distribuyendo a las mujeres y niños en las familias. Este sistema ha sido desde tiempo inmemorial seguido por los colonizadores; y sus efectos son la población de nuestras ciudades y campos, y cuyos habitantes conservan aún el color trigueño de la raza de su origen”.
“Por pequeña que sea una tribu —continuó— desde que está reunida, conserva y guarda sus tradiciones y su lengua. La escuela, los oficios, son imposibles, en esa aglomeración de salvajes hostiles a la sociedad basada en el trabajo. La ración ha de continuar, como carga sobre el Gobierno; ración improductiva de todo resultado. Los indios son unos pensionistas holgazanes.
Al justificar la separación de los niños de sus madres, sostuvo: “Mucho puede sugerir el sentimiento de humanidad en favor de los indios. Pocas han de ser las madres que traigan consigo pequeñuelos, que deben acompañarlas siempre; pero dejarles los niños de diez años para arriba, por temor de que sufran con la separación, es perpetuar la barbarie, ignorancia e ineptitud del niño, condenándolo a recibir las lecciones morales y religiosas de la mujer salvaje. Hay caridad en alejarlos cuanto antes de esa infección”.
Finalmente, aseguró que “los niños distribuidos en las familias viven felices, porque el tratamiento que reciben, la educación en las prácticas civilizadas que les dan las cosas y las personas, los hacen confundirse bien pronto con los demás niños. Las madres salvajes no tienen alguna autoridad alguna sobre sus hijos, que desde ocho años pertenecen más bien a la tribu que a la madre, ni al padre, que poco caso hace de ellos. De ahí viene la lentitud en aumentarse las poblaciones salvajes. Mueren muchos niños, por insuficiente alimentación, por exceso de fatigas en las marchas, por vivir librados a sí mismos en los alrededores de las tolderías. Cualquier situación que se les haga en el campo o en el servicio doméstico entre cristianos, es preferible a la vida que llevan al lado de sus padres”.
“Que no hayan raciones, ni aduares de indios. Que cada uno dependa de sí mismo trabajando”, concluye Sarmiento como un adelantado de la teoría del “choriplanerismo” en el siglo XIX.

jueves, 19 de octubre de 2017

Día del Padre


Cada vez que llega el día del padre, pienso en la mejor manera de resistirme a celebrarlo en esta fecha.
Creo que hay que parar de una vez con que en nuestra tierra celebremos el día del padre norteamericano.
Porque el tercer domingo de junio, fue instituido como el día del padre en los EEUU en homenaje a un militar yanqui que enviudó y crió a sus hijos parece ser que de manera ejemplar. El tipo se llamó John Bruce Dodd. Y en su homenaje desde 1924 se celebra en el país del norte el día del padre. Pero recién fue oficializado ahí en 1966 cuando Lyndon Jhonson era presidente, e invitó a los países latinoamericanos a adherir a esa fecha. Nuestro presidente de facto era Juan Carlos Onganía. Tan nacionalista que adhirió de inmediato. Y desde entonces celebramos cada tercer domingo de junio el día del padre norteamericano. Dejémonos de joder. Propongan ideas para cambiar la fecha.

Nieva Sobre Mi Jardín

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Nieva sobre mi jardín. 
Es una nevada densa, lenta, ingrávida, sostenida, con algo de eternidad, como la música barroca.
Los casi inexistentes sonidos del barrio son absorbidos por la nieve.
Apenas una suave caricia persistente sobre mi techo.
Por supuesto, la leña arde y me espera una copa de vino.
Por ahora es de Clasic Old Bull hasta que empiece el laburo.
Los techos blancos. La calle blanca. Los árboles blancos.
La nevada se enfatiza debajo de los faroles. El cono de luz permite ver las tropas de copos que vienen inclinados por el viento de la cordillera-
Caen contradiciendo los ocho metros sobre segundo al cuadrado de la aceleración de la gravedad.
Son antinewtonianos los cosos éstos.
Qué placer, carajo.

Reloj Despertador - Parte I

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No suelo vincularme emocionalmente con los objetos. Hay pocos con los que ese fenómeno se produce y terminaron siendo entrañables: mi Victorinox, un pingüino para servir vino malo con hielo, mi matra que pesa una tonelada y que fue tejida por una anciana Mapuche de Aucapán Abajo, mi viejo sombrero de Guardaparque, mi machete, una pluma de cóndor, y pocas cosas más.
Ocurre que creo que hoy recibí un pequeño objeto que va camino a vincularse con mis emociones. Espero que sean amorosas. Se trata de un pequeño despertador blanco con dos campanitas que compró mi hija Julieta para que no la molestara más pidiéndole que me ponga el despertador del celular.
Es un reloj extraño. Singular. Primero porque no lleva pilas. Es acuerda. Y de inmediato pensé que en tanto acuerda debe ser conciliador o bien tener memoria. Ambas virtudes las valoro. Y su singularidad también se nota en su funcionamiento. Debe ser de una tecnología secreta y superior, porque anda bastante más rápido que los demás relojes que tengo que no son despetadores. Cada cinco horas y media, éste anda seis.
Lo tengo a prueba. Lo puse a las siete de la mañana para poder despertarme suficientemente, darle de comer a mis perros, tomar un café y organizar algo la casa, antes de bajar al pueblo para salir a guiar a Villa La Angostura por la Ruta de los Siete Lagos a las 8 y cuarto de la mañana. Vamos a ver cómo se comporta. Porque o se incorpora a mis emociones o lo hiervo.

Reloj Despertador - Parte II

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El flamante relojito despertador blanco con dos campanitas como orejas de ratón, me mantiene muy alerta- En cuanto mi hija Julieta lo trajo del kiosco de Juanjo diciéndome “es a cuerda, era el único que había”, supe que algo significativo encerraba. Y me incliné a creer que podía relacionarse conmigo dentro de la categoría de “objeto entrañable”.
Por ahora esa tipología está en evaluación.
El relojito funciona como tal. Sus agujas giran, aunque el despertador no logré ponerlo en funcionamiento pese al asesoramiento requerido.
El tema es cómo giran esas agujas.
Por momentos, adelanta 17 minutos por cada hora de los otros relojes. Pero se nota que después de esos impulsos, su energía decrece. La velocidad de sus agujas merma, y a veces se detienen sin que le falte cuerda. Simplemente se toma un descanso y al rato vuelve a acelerar.
Pero otras veces,-lo comprobé en dos oportunidades-.a partir de su detención, retrocede. Se nota en el segundero y el minutero- Hoy a la tarde retrocedió seis minutos.
Por ejemplo, ahora que el reloj de esta compu marca las 9 y 45 minutos de esta noche, el relojito blanco cuya función de despertador resultó apócrifa, indica que son las tres y veinte. Pero no puedo saber si de esta misma tarde que transcurrió, o de la madrugada de mañana-
Reconozco que casi tomo la decisión de someterlo a un hervor. Pero el objeto parece empeñado en querer comunicarse conmigo desde su conducta irregular. No es lógico que un reloj se comporte así, de modo que su observación me remite a algunas reflexiones.
Pero antes de esbozarlas, decido ver cómo se manifiesta hasta mañana.
Claramente, está poseído.

Cosas de Pueblo de la Patagonia

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Cielo nocturno en la costanera del Lago Lacar

Acabo de entrar a casa. Llevé a Perrito a mear al jardín. Está escarchando. El estrellerío te pesa sobre los hombros. La nieve de las montañas es celeste. No hay luna y entonces la cúpula del cielo recorta mejor las constalaciones. Arriba todo gira y danza. Una lechuza nos chistó desde el abedul más alto. LO notable es con las lluvias y las nevadas, la cascada de mi barrio se convirtió en un bajo continuo que suena en fa.
¿Quién no tiene una molesta cascada en su barrio?
Cosas de pueblo de la Patagonia.

Mañana Blanca

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Nevada del 17 de Agosto de 2017 en San Martín de Los Andes
Mañana blanca. Nevó toda la noche con temporal, y sigue. Los techos, las calles, los jardines y los árboles están cargados de nieve. En las aristas se han formado voladeros porque el viento es fuerte y nieva horizontal.
Día de leer, escuchar música, encender la leña, tener a los perros adentro, y tal vez enseñarle a alguno de los tres a jugar al Scrabel. (15-09-2013)


martes, 17 de octubre de 2017

Aerobic

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Costanera del Lago Lacar - San Martín de Los  Andes

Me levanté como si lo hubiera decidido mientras dormía. Le di de comer a los perros, y mientras tomaba un café me puse ropa cómoda y zapatos de montaña- La mañana, transparente y serena.
A las ocho arranqué el auto. Ni un alma en ningún sitio. “Felicidades, Don Caletti”, le dijo el cana de tránsito cuando pasé frente a la caminera, probablemente atónito de verme pasar a esa extraña hora vestido casi de niño explorador.
Estacioné en la costanera.
El Lácar estaba magnífico. El aire amigable y pacífico. Algunos patos maiceros mezclados con un cormorán de agua dulce, buscaban alimento cerca de la playa. Me bajé, estiré los brazos y las piernas, miré todo alrededor y empecé a caminar en subida por la Ruta de los Siete Lagos con destino a Catritre.
Al principio, todo lo percibí en planos generales. Las laderas del cerro Curruhuinca, el verde perfecto del lago, las montañas nevadas en el fondo marcando el límite con Chile, el cipresal puro a la izquierda, y los bosques mixtos sobre el morro de Las Bandurrias.
Necesitaba caminar. Que el conocimiento que tiene el aire me circule. Me toque. Y estar solo, sin guiar a nadie.
Necesitaba guiarme.
Me fascinó el aroma dulce de la rosa mosqueta mezclado con el perfume ácido del pañil. Sobrevolaban a mi paso y se iban.
Logré enseguida ese estado casi hipnótico de caminar en forma sostenida y rítmica. El placer empezó a invadirme, mientras los planos de percepción se hacían más cortos. Al principio fue el planeo perfecto de una gaviota sobre el verde del lago. Las vetas de minerales cuarcíferos en las rocas del faldeo del camino. El gesto del tallo de un pañil.
Y seguí la marcha.
Acomodé finalmente la respiración a esa danza incomprensible que es andar y entonces fueron apareciendo planos más cortos. El vuelo eléctrico de las golondrinas, la acrobacia de los abejorros para polinizar las retamas, o el brillo íntimo y fugaz del borde de una hoja de álamo plateado que alguien plantó junto a un rezatorio al Gauchito Gil.
Y paré a unos cuatro kilómetros después de subir, en un divisadero sobre el lago.
Y desde la profundo del disfrute de lo micro, respiré profundo y me junté con la abrumadora magnitud del espacio, las montañas en perspectiva, las penínsulas sensuales, el cielo cóncavo, el agua tendida abajo como una sábana profunda.
Ejercicio fractáltico.
Y ahí quedé, pendulando entre lo micro y lo macro, en ese trapecio de los opuestos, en donde la acrobacia inevitable es la del asombro.
No me di cuenta que casi pasó una hora.
Pero el descenso fue más sencillo, despidiéndome de las vetas de cuarzo, de los abejorros, de las gaviotas y las golondrinas, del cipresal puro y la nobleza del aire.
Con el placer de haber elongado la neurona.
Empecé una mañana hermosa.
Creo que a eso le dicen hacer aerobic.